Cuando el negocio se detiene si faltas tú
Un negocio que necesita que una persona concreta esté siempre no es un negocio sólido, por bien que vaya. Es uno con una sola pieza que no puede fallar.
Lo que suele estar pasando
Cómo se hacen las cosas no está escrito
Está en la cabeza de quien las hace. Mientras esté, funciona; cuando no está, no hay dónde mirarlo.
Cada quien lo hace a su manera
Y el resultado depende de quién lo hizo ese día. No se nota hasta que un cliente compara dos veces y no recibe lo mismo.
Enseñar cuesta más que hacerlo
Así que se acaba haciendo uno mismo «porque es más rápido». Y cada vez que se decide eso, el problema crece un poco.
Hay decisiones que solo puede tomar una persona
No porque los demás no sepan, sino porque nadie escribió con qué criterio se toman.
No se puede parar
Ni enfermarse, ni viajar. Y un negocio del que no puedes salir tampoco se puede vender.
Haz la cuenta con tus números
Pregúntate qué se pararía si mañana no pudieras entrar durante dos semanas. No lo que iría peor: lo que se pararía del todo. Esa lista es el trabajo que hay que hacer, y suele ser más corta de lo que uno teme.
Lo primero: encontrar la raíz
- Miramos qué se hace, quién lo hace y qué pasaría si esa persona no estuviera.
- Separamos lo que exige criterio de lo que solo exige que alguien se acuerde. Lo segundo es casi siempre la mayor parte, y es lo que puede dejar de depender de nadie.
- Puede que baste con que lo que se sabe quede escrito y a la vista, o con que las cosas se pidan siempre por el mismo sitio. No va de sustituir a nadie.
Qué cambia cuando se resuelve
El negocio deja de tener una pieza única. Se puede delegar sin miedo, se puede faltar, y quien entra aprende mirando en vez de preguntando.
Cuéntanos esto
- ¿Qué se pararía si faltaras dos semanas?
- ¿Hay algo que solo sepa hacer una persona?
- ¿Está escrito en algún sitio cómo se hacen las cosas?
- ¿Cuántas personas son en el equipo?
Escríbenos por WhatsApp al 51919597921. Y si prefieres empezar por el diagnóstico, está en la portada.