Cuando el negocio se detiene si faltas tú

Un negocio que necesita que una persona concreta esté siempre no es un negocio sólido, por bien que vaya. Es uno con una sola pieza que no puede fallar.

Lo que suele estar pasando

Cómo se hacen las cosas no está escrito

Está en la cabeza de quien las hace. Mientras esté, funciona; cuando no está, no hay dónde mirarlo.

Cada quien lo hace a su manera

Y el resultado depende de quién lo hizo ese día. No se nota hasta que un cliente compara dos veces y no recibe lo mismo.

Enseñar cuesta más que hacerlo

Así que se acaba haciendo uno mismo «porque es más rápido». Y cada vez que se decide eso, el problema crece un poco.

Hay decisiones que solo puede tomar una persona

No porque los demás no sepan, sino porque nadie escribió con qué criterio se toman.

No se puede parar

Ni enfermarse, ni viajar. Y un negocio del que no puedes salir tampoco se puede vender.

Haz la cuenta con tus números

Pregúntate qué se pararía si mañana no pudieras entrar durante dos semanas. No lo que iría peor: lo que se pararía del todo. Esa lista es el trabajo que hay que hacer, y suele ser más corta de lo que uno teme.

Lo primero: encontrar la raíz

Qué cambia cuando se resuelve

El negocio deja de tener una pieza única. Se puede delegar sin miedo, se puede faltar, y quien entra aprende mirando en vez de preguntando.

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